viernes, 7 de marzo de 2014

El dibujo en el Bulli.



Que el dibujo es una disciplina universal que ha apoyado y apoya muchas otras disciplinas es algo que pienso está fuera de duda a estas alturas. Por eso me alegró, aunque no me sorprendió, que


The Drawing Center inaugurara una exposición dedicada a los dibujos que se hacían en El Bulli como parte del método de la creación de platos.
No es la primera vez que se hacen exposiciones acerca del que fue el mejor restaurante del mundo, pero sí que es la primera en la que se da protagonismo al dibujo y donde se han podido degustar piezas, en este caso sobre papel, con tanta delectación como se hacía en sus comedores.
Hace unos años tuve la oportunidad de cenar en El Bulli, en compañía además de una persona muy especial para mi. Lo recuerdo como una de las mejores experiencias epistémicas, estéticas y sensoriales que he tenido en mi vida. Ahora, observar la importancia que tuvo el dibujo en la creación de esas maravillas hace que se multiplique mi disfrute y mi admiración.

Pero como dije al principio del artículo, no es algo que me sorprenda, pues como dijo Juan Fajardo "dibujar es pensar con las manos" y por tanto, resultaba claro que este procedimiento era esencial para pensar, sentir y producir esos platos deliciosos que se hacían en el Bulli que eran a la vez auténticas obras de arte.

Podéis encontrar más información acerca de esa exposición en los siguientes artículos.

http://www.lavanguardia.com/cultura/20140124/54399491041/dibujante-ferran-adria.html

http://noticias.lainformacion.com/estilo-de-vida-y-tiempo-libre/gastronomia-restaurantes-y-cocina/ferran-adria-revelara-el-adn-de-el-bulli-en-una-exposicion-en-nueva-york_Apidb7SFYM0ZQ6uBEzHbb1/

http://eldia.es/2013-04-26/gastronomia/5-Adria-revelara-ADN-Bulli-exposicion-Nueva-York.htm

Imágen cortesía del Bulli Foundation

miércoles, 5 de marzo de 2014

El estado de ánimo y los cuatro elementos

Los cuatro elementos



La realidad es como es, pero solamente podemos acceder a ella a través del filtro de nuestra percepción lo cual, en la práctica, significa que hay millones de realidades. Podríamos decir que la realidad en es conjunto de ingredientes que hay "allá fuera" y con ellos nuestra consciencia nos cocina un plato que es el que se nos muestra cada día. No podemos cambiar esos ingredientes, es decir, la realidad como tal, pero si la forma en como la filtramos y cocinamos. La conclusión es que somos nosotros los que estamos creando nuestra realidad segundo a segundo en base a una selección, limitadísima por cierto, de toda esa información que está allí a disposición de todo el mundo.

En el artículo Empapa tu cerebro se serotonina, ya expliqué la importancia de entrenar nuestro cerebro para aprovechar al máximo las sensaciones positivas y mejorar de esta manera la calidad de vida. En este artículo hablaré de como una gran cantidad de sensaciones placenteras para nuestro sistema nervioso central proceden de los cuatro elementos básicos de la naturaleza la tierra, el agua, el aire y el fuego. Analicémonos uno a uno.

La tierra: Los elementos que representan a la tierra serían los alimentos. La comida es la forma que tenemos de introducir la tierra en nuestro interior, el modo de informar a nuestro organismo de como es el entorno en el que estamos insertos y de esta forma facilitarle la adaptación a dicho entorno. El bienestar que produce comer está fuera de toda duda y no únicamente cuando tenemos hambre, muchas veces saborear uno de nuestros alimentos favoritos es un gran remedio para el malestar que causa la ansiedad y de hechos muchos trastornos alimenticios se producen como consecuencia de a búsqueda desesperada e inconsciente de acabar con la ansiedad. Es compresible, muchos alimentos contienen sustancias, como el triptofano, que ayudan a estimular neurotransmisores en el cerebro que hacen que nos sintamos mejor. No obstante para convertir la comida en una verdadera fuente de bienestar y salud hemos aprender a alimentarnos de forma sabia. El azúcar, el chocolate o incluso el café tomados en el momento adecuado y en la dosis justa puede ayudarnos a sentirnos mejor, pero caer en el abuso que tan fácilmente nos ofrece la búsqueda de satisfacción rápida e inmediata trae muchos más perjuicios que beneficios. Otros alimentos no tan atractivos a primera vista sin embargo pueden ser, incluso a corto plazo, muy beneficiosos para nuestro bienestar anímico.

El agua: El agua, tanto cuando la bebemos como cuando nos sumergimos en ella proporciona un innegable placer en nuestra mente. Hemos de relacionarnos con ella de la forma adecuada por supuesto. Beber agua, aparte de quitarnos la sed, puede ser un estupendo remedio para mejorar nuestro estado de ánimo. Pero beber bien es todo un arte. Aprender a beber dosificando los sorbos a un ritmo adecuado en base a la situación, con el agua a la temperatura justa es algo que necesita entrenamiento para llegar a dominarlo completamente. Cuando bebemos otra bebida que no es agua, estamos mezclando el elemento agua con uno de los otros tres. Por ejemplo si bebemos zumo de tomate estamos mezclando el elemento agua con el elemento tierra, si bebemos espuma de cualquier tipo, estamos mezclando el elemento agua con el elemento aire y si bebemos bebidas espirituosas estamos mezclando el elemento agua con el elemento fuego. Ni que decir tiene que en estos casos hemos de intensificar nuestras precauciones. Por otra parte es innegable la sensación de relajación que produce una buena ducha o un baño con el agua a la temperatura adecuada.

El aire: La respiración es el elemento que enlaza el elemento aire con nuestro bienestar psíquico. Una buena respiración puede obrar milagros en nuestro cuerpo y en nuestra alma como muy bien saben maestros de multitud de culturas. Existen disciplinas como el yoga prana, el shiatsu o el quigong que insisten en la importancia de la respiración y explican exhaustivamente cuales son las técnicas para convertir la respiración en un poderoso recurso para nuestro bienestar espiritual. Mediante la respiración es posible incluso llegar a estados alterados de consciencia que pueden hacernos acceder a conocimientos muy difíciles de obtener de otro modo. Sin embargo no es necesario llegar a esos niveles para comprobar los beneficios de este elemento. Si te invade la ansiedad, párate, deja lo que estés haciendo y respira lenta y profundamente, en la mayor parte de los casos verás como tu mente se tranquiliza.

El fuego: El elemento fuego está representado por todo aquello que nos produce calor tanto corporal como espiritual. La forma más simple y evidente sería la satisfacción que le produce a nuestro cerebro la sensación térmica procedente de un baño sol o de las llamas de una chimenea en invierno. Pero existen formas más subliminares a través de las cuales el elemento fuego contribuye a nuestro bienestar psíquico. Una de ellas es el ejercicio físico que aparte de producir calor en nuestro cuerpo, hace que se dispare la segregación de endorfinas que producen ese fuego espiritual tan beneficioso para nuestra mente. Y por último estaría el erotismo tanto en sus versiones más intensas y directamente relacionadas con el acto sexual y el orgasmo, donde es innegable la relevancia del "calor tántrico" que se produce en nuestra psique, como en sus versiones más extremadamente suaves que tienen que ver con las relaciones personales en general (las de tú a tú en un entorno más o menos íntimo, no las colectivas) y donde la conversación con el otro tiene un papel esencial, lo que se conoce como "el calor humano" ese es el tipo de calor que sienta también a nuestro ánimo cuando nos invade la ansiedad o la tristeza y que fortalece el alma.

Hay que poner atención no obstante en como usamos estos cuatro elementos para que los resultados sean un beneficio real. Un mal uso puede desencadenar auténticos cataclismos personales bajo la apariencia de una recompensa aparente. Así que come, bebe, respira, haz ejercicio, haz el amor y conversa pero siempre poniendo consciencia en todo lo que haces ;-).

Imagen vía Gunjan Karun

martes, 11 de febrero de 2014

Entre el sufrimiento y la euforia



El sufrimiento y la euforia son dos caras de una misma moneda. Ambos tienen como nexo común el apego que, ya desde tiempos del Buda sabemos que es el origen de ambas emociones.
Más allá de los momentos por los que, invariablemente, toda persona pasará bajo el influjo de de una u otra a lo largo de su existencia, podemos encontrar individuos que utilizan o bien el sufrimiento o bien la euforia como forma principal de relacionarse con la vida.

Suele ser mucho más habitual el caso del sufrimiento. Muchas personas tienen una auténtica adicción a esta pasión hasta el punto de que sus vidas difícilmente pueden ser explicadas sin las desgracias o las calamidades. Parece que necesitan andar contando sus múltiples pesares y haciendo gala de su desdicha a cualquiera que se cruce por su camino. La queja suele ser el modo habitual de empezar, acabar y enlazar las conversaciones en este tipo de personas.

En algunos casos extremos, esta terrible adicción llega a provocar una extraña ansiedad en sus víctimas que se manifiesta cuando a sus vidas llega, de imprevisto, un periodo de calma, equilibrio o incluso de dicha. Cuando detectan que las cosas empiezan a ir bien, se sienten inseguras y amenazadas en un territorio que no conocen. La consecuencia en estos casos suele ser la búsqueda obsesiva del conflicto y el desequilibrio que  les devuelva a una situación de sufrimiento. Esta situación, aunque destructiva, les es familiar y les permite establecerse de nuevo en su papel de víctimas.

Ni que decir tiene que el origen real de muchos de estos sufrimientos tremendos raramente se basa en situaciones objetivas (aunque, sin duda, éstas también existan). Es la subjetividad más oscura la que, como una gafas negras, se encarga de deformar la realidad hasta adaptarla a la amargura omnipresente en estas almas que se regocijan en la bilis de su propia angustia que refuerzan y crean a cada segundo.

El caso contrario, aunque menos frecuente, también existe. Se trata de aquellos individuos que buscan la euforia de forma compulsiva y huyen de aquellas situaciones que les exijan un comportamiento grave. Cuándo se enfrentan a momentos que demandan una actitud de seriedad o incluso de pesar recurren a cualquier artimaña para salir de allí rápidamente. Son los típicos amigos que siempre están de broma, que desprecian los comportamientos taciturnos, que exultan un optimismo hipertrofiado y que se burlan de todo. Incapaces de tomarse nada en serio siempre han de soltar el chiste que deje a las claras que no están dispuestos a reconocer la gravedad de ningún asunto.

Al igual que en caso anterior, se trata de una forma de relacionarse con la realidad que puede llegar al nivel de adicción. A simple vista puede parecer más saludable que la anterior pero no deja de ser otra deformación. El mundo puede ser un lugar maravilloso en ocasiones pero también es un lugar indudablemente peligroso.

La mayoría de nosotros oscila entre los dos estados de modo pendular. Los más "bipolares" lo hacen de una forma muy rápida, lo más calmados de una forma muy lenta. La calidad de vida, no obstante, se consigue aprendiendo a navegar con firmeza entre estas dos fases de la ola emocional.

Para saber transitar entre la euforia y el sufrimiento de forma sana es fundamental familiarizarse con el concepto de apego, que es de donde nacen ambas. Sólo cuando nuestra consciencia del apego se va haciendo más visible somos capaces de detectar el filtro de sufrimiento/euforia que estamos utilizando como vía de relación con el entorno y, en base a ello equilibrar nuestro estado emocional.

Es importante sin embargo, tener en cuenta que, aunque el equilibrio emocional debería ser un objetivo deseable en términos generales por su incuestionables beneficios para la salud, hay momentos en los que toca sufrir y hay momentos en los que toca dejarse llevar por la euforia. La mayoría de nosotros no somos budas (iluminados) por lo tanto hemos de ser conscientes de que las olas emocionales nos van a arrastrar en más de una ocasión. Lo que si que es más que recomendable es intentar eliminar los sesgos en nuestra personalidad que nos empujan a permanecer en estados excesivamente escorados durante demasiado tiempo, tanto hacia un extremo como hacia el otro. El objetivo sería reducir nuestros movimientos pendulares y convertirlos en una bella y serena danza.

¿El método para conseguirlo? La buena noticia es que existen esos métodos, la mala noticia es que la cantidad de métodos que existen es mayor incluso que el número de habitantes que hay en el mundo. Por lo tanto cada uno ha de encontrar/confeccionar el suyo propio. Por suerte existen consejos genéricos que pueden servir de guía orientativa (pero sólo de eso, de guía orientativa). Hablaremos de algunos de ellos en próximos posts.

Imagen via Flickr: http://www.flickr.com/photos/screendmon/8267333840/

miércoles, 29 de enero de 2014

El cerebro como una cuenta de suma 0




El cerebro humano concentra en apenas un kilogramo de peso un órgano realmente sorprendente. Apenas sí hemos empezado a comprender mínimamente algunas de sus funciones y aunque la mayoría de temas relacionados con él siguen siendo un misterio, parece claro que los prodigios que es capaz de realizar desafían nuestras más osadas elucubraciones.

Podemos aprender a potenciar nuestro cerebro y desarrollar sus capacidades para ser más eficientes en muchas tareas, pero a pesar de ello no hemos de olvidar que, al final, el cerebro es una cuenta de suma cero.

¿Esto que quiere decir?, pues que nuestro cerebro tiene una capacidad limitada y que el desarrollo de una función específica se hará en menoscabo de otra, es decir, si nuestro cerebro tiene una capacidad X y invertimos un 25% de su capacidad en unas competencias determinadas, únicamente nos quedará un 75% de esa X para dedicarlo al resto. Podemos entrenarlo para aumentar la capacidad total, pero irremediablemente acabaremos llegando a su límite.

Quede claro que este planteamiento es meramente una hipótesis tan sólo muy vagamente apoyada por algunos estudios científicos. No pretendo hacer ciencia aquí, pero mi intuición y experiencia diaria, tanto en mí mismo como en otros, me confirma que esto es así.

Según esta teoría, no es muy probable que si eres, por ejemplo, un gran experto en idiomas (me refiero a hablar correctamente 7 u 8 idiomas) a la vez seas un lince del deporte, un as de las relaciones personales y un magnífico artista abstracto. A no ser, claro está, que seas un auténtico portento de la naturaleza, que es un caso excepcional. Ocasionalmente podemos encontrar algunos de estos portentos a lo largo de la historia de la humanidad, pero no es lo habitual. Picasso destacó por su genio en el arte pero su comportamiento en las relaciones familiares dejaba un poco que desear, la Madre Teresa de Calcuta demostró una humanidad infinita pero no se le conoce por ser un as de las matemáticas (ni falta que le hacía, por otra parte), Mozart fue otro genio pero tenía un carácter infantil e irresponsable que le impedía hacer análisis rigurosos y realistas de las situaciones, asimismo es muy conocida la dificultad de muchos matemáticos para establecer relaciones sociales (aunque no padezcan síndrome de Asperger)

De hecho, lo interesante de este principio es que no únicamente puede aplicarse al pensamiento racional y lógico, como sería de esperar, sino a todos los universos que contempla el sistema nervioso central, incluidos los sentimientos, las sensaciones o el mundo consciente/ inconsciente. Esto quiere decir que mientras más tiempo y espacio le dediquemos a pensamientos destructivos y sentimientos negativos menos espacio le dejaremos a la positividad y a las funciones del cerebro que nos permiten sentirnos mejor. Lo mismo ocurre al contrario, mientras más tiempo y espacio le demos a la "construcción" de estructuras positivas en nuestra cabeza menos espacio le dejaremos a las estructuras nocivas. Al final la resta de porcentajes de actividad que trabajan en nuestro cerebro suman 0, así que depende en gran parte de nosotros decidir como distribuimos toda esa capacidad de trabajo.

...Y digo en gran parte y no completamente, porque un porcentaje nada despreciable del funcionamiento de nuestra mente se desarrolla de forma inconsciente. Pero hasta en eso me atrevo a asegurar que funciona la suma 0. Es decir, que mientras menos espacio le demos al comportamiento consciente mayor dominio le damos al inconsciente, y viceversa, mientras más consciencia pongamos en nuestros actos, menos cosas dejaremos a la suerte del inconsciente. En muchos casos interesa dejarle al inconsciente las riendas de la situación. Es el caso, por ejemplo, del aprendizaje de conducción de un vehículo o el aprendizaje de un segundo idioma. En el caso de la conducción, cuando estamos aprendiendo, hemos de poner toda nuestra atención en cada uno de los pasos a seguir para que el vehículo se desplace, con el tiempo y el entrenamiento, acabamos guiando el vehículo inconscientemente sin apenas darnos cuenta de ello. Cuando aprendemos un segundo idioma al principio hemos de realizar un gran esfuerzo para recordar el vocabulario y las reglas gramaticales, si tenemos la oportunidad de practicarlo constantemente y de mantener conversaciones con otros hablantes, el transcurrir el tiempo hará que lo acabemos hablando fluidamente y sin que suponga un esfuerzo excesivo. Las palabras saldrán de nuestra boca inmediatamente sin tener que realizar una búsqueda consciente en el archivo de nuestra cabeza. En el caso de nuestra lengua materna, este aprendizaje se realiza al mismo tiempo que se construye nuestra propia consciencia y por eso es indiferenciable la construcción de la una y la adquisición de la otra y el aprendizaje se produce de una forma natural.

La pregunta que puede surgir entonces es: ¿Estoy pues condenado/a a una capacidad cerebral limitada?, ¿a ser excelente en uno o dos aspectos y mediocre en el resto?

Bien, está claro que el límite de la capacidad de nuestro cerebro existe y que este límite es infranqueable (digan lo que digan muchos libros de auto-ayuda), la buena noticia es que rara vez alcanzamos ese límite, ni siquiera nos acercamos. Existen varias disciplinas, técnicas y trucos para multiplicar nuestra capacidad mental. Una de las más poderosas que conozco es el poder de la inter-relación. Fue eso lo que permitió, por ejemplo, a Leonardo Da Vinci destacar en disciplinas tan aparentemente dispares como el dibujo, las matemáticas, la geometría, la física o la anatomía. No es sólo que Leonardo fuera una mente privilegiada (que también) sino que para él todas esas disciplinas -que la actual doctrina académica aísla en departamentos estancos-, eran en realidad diferentes aspectos indiferenciados de una misma cosa. Para él la geometría tenía una correspondencia clara con las proporciones del cuerpo humano y ambos elementos, a su vez, estaban integrados en la naturaleza que estaba regida por unas leyes físicas cuya armonización permitía la creación de aparatos tecnológicos, como un paracaídas, que no era más que traer a la realidad "realizar" algo que no existía aún pero que era perfectamente posible.

Porque esa es una de las maravillas del cerebro, hacer posible lo que hasta entonces había sido inexistente. Por desgracia esto también es aplicable a la maldad y a la crueldad de que es capaz el ser humano, pero pienso que para poder evolucionar hacia mejor nuestro deber es utilizar la suma cero del cerebro para construir de la mejor manera que seamos capaces.

Imagen vía Creative Commons: http://www.flickr.com/photos/flamephoenix1991/8376271918/

domingo, 1 de diciembre de 2013

La libertad


Por lo general, la libertad es un valor que está bien visto en nuestras sociedades. Parece razonable pensar que si interrogamos acerca de sus valores a individuos escogidos al azar entre la ciudadanía, muchos de ellos incluirían la libertad entre los diez primeros y frente a la pregunta “¿quieres ser libre?” la gran mayoría respondería con un rotundo sí. 
Sin embargo no estoy seguro de que quien así responda sea realmente consciente de lo que supone la elección de ser libre. En realidad pienso que cuando la mayoría dice “quiero ser libre”, en realidad quieren decir “quiero estar cómodo”, o sea que nadie me moleste mientras hago lo que se me antoja. Sin embargo para ser libre hay que estar dispuesto a abrazar constantemente el fracaso sin concesiones, porqué ser libre suponer tener que elegir y cuando se elige hay siempre un alto riesgo de equivocarse. El que obedece nunca se equivoca porqué delega en otro la facultad de elegir y por lo tanto de equivocarse.
Habría que entender que ser libre no es sinónimo de “hacer lo que me de la gana“, eso más bien supone ser esclavo de las propias pulsiones, que quizá sea una de las formas más extenuantes de esclavitud.
Decidir ser libre es una elección tanto más valiente cuanto mayor es el grado de libertad al que se quiere acceder. Pues dicha decisión probablemente va a granjear muchos enemigos y antipatías. La auténtica libertad suele causar recelo y aún desprecio entre la gente, porqué el individuo que la practica cuestiona muchos principios que están sacralizados por los distintos colectivos sociales donde la única libertad posible es escoger a que grupo perteneces, “de que lado estás“. En muchos casos practicar la libertad en mayúsculas supone el ostracismo de gran parte de la sociedad, que no tolera la disidencia, y exponernos al escarnio de los demás cuando fracasamos como resultado de una elección realizada consciente y libremente. Sinceramente, dudo mucho que la mayoría de la población esté dispuesta a pagar dicho precio.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Hiperrealismo en escultura

Hace algún tiempo hablamos en este blog de la artista Patricia Picininni cuya obra destacaba por su intenso hiperrealismo. Sin embargo no es la única artista que cultiva este género que tanto me fascina. Aquí tenéis algunos más.

Sam Jinks.


Este artista australiano ha trabajado para cine y televisión aunque sus creaciones más impresionantes la encontramos en su obra personal que ha visitado numerosos museos de todo el mundo.

Evan Penny



Evan Penny es un escultor canadiense que también trabaja con especial virtuosismo materiales como la silicona o el pelo humano real para conseguir acabados hiperrealistas totalmente espectaculares. En algunas de sus obras incluye deformaciones de escala que aún hacen más interesante el resultado.



Ron Mueck.



Ron Mueck es quizá, uno de los escultores hiperrealistas más conocidos pues sus obras han recorrido muchas salas de arte por todo el mundo. Es australiano y al igual que Sam Jinks ha trabajado en efectos especiales para cine y televisión. Ha llegado incluso a colaborar com Jim Henson el creador de los Muppets. Muchas de sus obras destacan por los cambios drásticos de escala a parte del profundo hiperrealismo de las figuras.





jueves, 31 de octubre de 2013

Esa zona de la mente.



Tras muchos años de práctica por fin he descubierto una zona dentro de mi mente donde me puedo retirar a descansar.
Se trata de una zona donde el tiempo queda en suspenso. No hay expectativas, no hay preguntas que responder ni asuntos a los que prestar atención. El mismo yo parece diluirse. No hay críticas, no hay responsabilidad. En esa zona de la mente no hay que rendir cuentas a nadie ni a nada porqué el propio concepto de identidad desaparece. En esa zona de la mente sólo queda una inmensa quietud que llena el espíritu de gozo.
Pero se trata de un gozo sosegado, sin algarabía, sin estridencia un gozo que se repliega sobre si mismo. Un gozo que no juzga, que no espera, que no ansía nada en especial y que por lo tanto no teme nada en concreto. En un gozo que vive en estado presente.
Cuando alcanzas ese estado podrías estar horas allí porque la noción del tiempo casi desaparece, no parece tener sentido. Es un espacio profundamente neutro pero a la vez parece contar de un equilibrio sutil y extraño. Es agradable sin duda, pero no genera inquietud. Parece ser un lugar dónde el espíritu se carga de energía, de una energía muy especial, como si fuera la energía original de la que se hubieran construido todas las cosas. Es una energía que completa pero que no satura.
En ese lugar desaparecen las categorías y las etiquetas. En realidad...no es que desaparezcan...siguen estando allí, pero pierden toda su importancia, son como imágenes planas sin mayor relevancia más allá de su propia apariencia superficial.

Aunque cada vez me es más fácil acceder a ese sitio, no puedo invocarlo cuando me apetece a voluntad. Si algo me perturba, si me encuentro ansioso o inquieto por cualquier motivo, -que suele ser lo habitual-, las puertas a esa zona permanecen selladas. Solamente en los intersticios del tiempo, en aquellos momentos de indefinición que se hallan en las transiciones de una actividad a otra soy capaz de ver el hueco a través del cual me puedo escapar hacia ese refugio de paz infinita. Rara vez permanezco más de unos cuantos minutos, aún cuando tienes la sensación de que podrías permanecer allí por siempre. Sin embargo  cuando vuelvo a la realidad habitual puedo notar el poso que ha dejado en el alma la estancia allí. De alguna forma, misteriosamente, ese poso es cada vez un poco más espeso, más inmanente.
Siento que aún me queda mucho, muchísimo para descubrir, siquiera adivinar la naturaleza de ese sitio en el interior de mi mente pero de alguna manera, indefinible, poseo la certeza de que es allí donde se encuentra la clave de la pura existencia.

Pura vida!

Imágenes vía Flickr Creative Commons