martes, 28 de abril de 2026

Caminos interrumpidos


Recuerdo cuándo era un niño que mis tíos y mis primos venían a vernos casi cada semana. Montábamos comidas familiares constantemente que eran muy divertidas. En aquella época parecía que aquello no se iba a acabar nunca, que íbamos a celebrar aquellos encuentros toda la vida y que nuestros hijos y nietos nos irían sustituyendo. Indefectiblemente, el tiempo pasó, los hermanos se fueron distanciando y los primos fuimos dejando de encontrarnos hasta que un día te preguntabas cuántos años habían pasado desde la última vez que viste a uno de ellos y te dabas cuenta que el que una vez había sido tu primo y prometía ser un eterno compañero de juegos era ahora un completo desconocido.

Algo similar pasó con los amigos. En mi época universitaria éramos un grupo inmenso lleno de jóvenes prometedores con futuros profesionales brillantes por delante y parejas que eran la semilla perfecta de futuras familias felices. Acabamos los estudios y nos fuimos dispersando. La mayoría tuvimos que conformarnos con carreras profesionales bastante más modestas que nuestras aspiraciones, dando tumbos por el mundo laboral,  e incluso quienes parecían ser la excepción jugaban con la pena y la gloria bastante igualadas. Casi ninguna de aquellas parejas que parecían sacadas directamente de la película "Grease" llegó a nada sólido, algunas acabaron disputándose la custodia del único hijo y muy pocas parecen haber fructificado en familias que podríamos considerar  más o menos estables. 

Y es que salvo escasísimas excepciones las vidas reales están lejos de la epicidad de las biografías a las que la cultura narrativa de la sociedad del espectáculo nos tiene acostumbrados. En el cine, la TV y la literatura estamos habituados a historias con inicio nudo y desenlace mientras que la realidad es mucho más fragmentaria. Hay acontecimientos inesperados que cambian el rumbo de forma absurda y quiebra nuestra biografía en trozos inconexos, las historias acaban antes de empezar, los desenlaces son inciertos, las relaciones se rompen sin saber muy bien porque y se forman otras aparentemente aleatorias. Es como si el narrador de nuestra vida fuera el típico escritor que rellena un par de folios, se arrepiente del resultado, arruga la página en una bola, la lanza a la papelera y vuelve a empezar con la hoja en blanco que, muy probablemente acabará en el mismo lugar. Y nosotros somos esa papelera que va acumulando bolas de papel a la espera de la novela definitiva que nunca llega. 

Un día miramos atrás y descubrimos que estamos rodeados de personas con vidas interrumpidas, con historias que, al igual que la nuestra, se las prometía muy felices y que finalmente no llegaron a ninguna parte. Nuestro mapa es la de un montón de caminos interrumpidos que se suceden sin ninguna patrón aparente

miércoles, 30 de abril de 2025

Una escena tierna en medio del apagón

 El día 28 de Abril de 2025 una apagón masivo dejó sin suministro eléctrico durante horas toda la peninsula Ibérica, algo totalmente inédito hasta ese día en este territorio en el que nací y en el que vivo.

A mí el apagón me pilló en medio de una reunión online con clientes. Tras comprobar que la envergadura del problema era considerable y que era muy poco probable que se solucionar en un plazo de tiempo breve tomé la decisión de salir de la oficina y volver andando a casa. Durante el camino de vuelta, que fue bastante largo tuve la oportunidad de presenciar todo tipo de escenas urbanas de personas reaccionando al apagón que darían por si solas para escribir al menos un pequeño relato, pero de entre todas ellas la que más me enterneció fue la de esta mujer de la fotografía que ajena a toda la alarma que se estaba gestando a su alrededor solamente estaba preocupada por darle de beber y comer a una pobre gaviota enferma que protegía en una caja de cartón.




lunes, 29 de julio de 2024

Enalapril como medida de planificación vital

 


Uno de los mayores obstáculos con los que debo lidiar para mantener mi salud mental dentro de unos umbrales razonables de bienestar es la gestión de la incertidumbre. En general vivimos tiempos inciertos en el ámbito global y a ello se le suman también bastantes elementos de incerteza en mi circunstancias personales que, sin llegar a ser excesivamente preocupantes, si que son lo suficientemente importantes cómo para que hacer planes a medio o largo plazo me cause un nivel de ansiedad considerable.

La única manera que he descubierto de sobrellevar el día a día alejado de la neurosis es mantenerme anclado el presente siempre que eso sea posible y en lo que se refiere a la inevitable planificación del futuro, limitar mi atención a un plazo de tiempo manejable que me permita alejarme de caer en fantasías catastrofistas tan típicas de mi personalidad neurótica.

El dilema está en que duración darle a ese horizonte temporal manejable. Una semana se me antoja muy corto y un mes quizá se extienda demasiado. Finalmente he hallado una medida que se adapta casi perfectamente a mis biorritmos psicológicos. El blister de de enalapril.

Resulta que desde hace ya algunos años mis problemas de tensión alta me exigen medicarme de forma crónica con estas pastillas cuyo principal objetivo es mantener a raya la tensión arterial. Una cada mañana para recibir el nuevo día. En el blister están indicados además los días de la semana para combatir los típicos despistes que causa el estrés y que te hacen dudar si ese día ya te has tomado el comprimido o no debido a la inconsciencia que provoca el ajetreo del día a día.

En total en cada paquete vienen dos blisters de 14 comprimidos. Esto hace un total de 28 comprimidos que se consumen diariamente, es decir 28 días, casi un mes. Pero hemos de tener en cuenta que prácticamente siempre hay entre 1 y 3 días que se me olvida tomarme la pastilla, así  que en realidad el periodo suele alargarse entre 29 y 31 días, osea, en la práctica, un mes.

Mis periodos de planificación vital se comprenden entre visita y visita a la farmacia para adquirir una nueva caja de Enalapril 20 mg aunque procuro limitar mis preocupaciones a la longitud del blister, 14 días. Si tenemos en cuenta que a veces voy a buscar la caja cuándo aún me quedan dos o tres unidades podríamos concluir que esos periodos oscilan finalmente entre los25 y los 31 días. Pensaréis -y no sin razón- que a fin de cuentas la unidad escogida es el mes y que no hacía falta tanta comedia para llegar a esa conclusión. Sí y no... Efectivamente la medida cronológica coincide bastante pero aquí entra en juego la escenificación. 

El hecho de que yo vea los blisters con los días transcurridos ya agujereados y los días por venir aún intactos me permiten tener una consciencia mucho más vívida del paso del tiempo. Me ayudan a darle ese carácter "memento mori" de ese periodo de tiempo ficticio que yo mismo me he dado para acotar mis pensamientos recurrentes y planes más inmediatos. Al estar dividido el periodo en dos blisters también eso me ayuda a compartimentar mentalmente el periodo.

Eso no quiere decir que no tenga en cuenta preparativos que se extiendan a periodos más prolongados, pero solamente para anotar temas meramente logísticos. Las expectativas y rumiaciones me esfuerzo por mantenerlas siempre dentro de ese marco temporal que me resulta más cómodo y manejable y no es hasta que empiezo a ver que quedan pocas pastillas en el segundo blister que me empiezo a plantear como voy a afrontar anímicamente el próximo periodo.

¿Y tú? ¿tienes algún truco o técnica para gestionar tus días? 


martes, 19 de enero de 2021

La realidad, la narración de la vida y la depresión

 


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En el anterior post hablé de cómo creamos nuestra propia realidad proyectando nuestra subjetividad sobre el soporte de lo que, a falta de un nombre mejor, llamaríamos “realidad objetiva”. La forma de crear esas proyecciones es a través de las “narraciones” que utilizamos para contarnos nuestra propia biografía a nosotros mismos a través de nuestro diálogo interior como expliqué en este otro post.


Como ya se comentaba en ese post, la habilidad que tengamos para contarnos nuestra vida determinará en gran medida la calidad de la experiencia. Asimismo esa experiencia es el punto de partida para escribir el siguiente capítulo de nuestra biografía. El cómo nos haga sentir esa experiencia va a influir en nuestra forma de escribir el siguiente capítulo, que a su vez va a influir en el siguiente y a su vez en el siguiente etc. Es como la manos que se dibujan a sí mismas de MC. Escher .


El problema es que escribir todos los días nuestra propia vida con nuestros pensamientos es una tarea titánica e intensa. El hecho de que lo hagamos todos los días a todas horas hace que no nos paremos a pensar en lo prodigioso de este proceso. Cada mañana nos levantamos y volvemos a articular el complejo y entramado escenario en el que se va a desenvolver nuestra vida. Volvemos a acordarnos de quienes somos, dónde estamos, cuál es nuestra misión y cómo vamos a desarrollar nuestra jornada atendiendo a todas las actividades de nuestra agenda diaria.


Esta tarea, ya compleja de por sí, se puede sobrellevar porque de alguna manera, más o menos clara, sabemos cuál es nuestro “guión”, sea éste acudir a estudiar, ir a trabajar, realizar un viaje, llamar por teléfono a alguien o simplemente tomarnos la pastilla que toca. Pero si las situaciones que vivimos (esto es; los hechos objetivos que ocurren + la narración que hacemos de ello) son difíciles y no ayudan a facilitar tu trabajo como narrador/ra entonces puede ocurrir que la tarea de “escribir” nuestra biografía se convierta en algo agotador. Si las situaciones difíciles se repiten constantemente, además, y no ves la forma de arreglar el guión, puede llegar un momento en que seas totalmente incapaz de seguir, que no puedas escribir ni una sola línea más.


Eso suele ser lo que ocurre, de forma metafórica, cuando sufres una depresión. El guión de tu vida se ha ido enredando de forma progresiva. La mayoría de las veces ni siquiera sabes como la historia ha llegado hasta ese punto, el caso es que ahora ya no sabes cómo continuar el capítulo. No sientes el deseo de seguir empuñando la pluma, simplemente tienes el deseo de dejarla caer al suelo y abandonarla.


Por supuesto siempre hay formas de continuar la historia aunque la enajenación del momento no te deje verlo. Por desgracia muchas personas llegan a la conclusión de que esa narración ya no hay quien la arregle y deciden poner fin a sus historias... osea, a sus vidas. Sin embargo, con ayuda, puedes darte cuenta de que en realidad, en esos momentos lo único que hay que hacer es escribir un punto y aparte. Girar la página y enfrentarte de nuevo a la hoja en blanco listo/a para dar un giro de guión. No importa cuan complicado sea el embrollo de lo escrito hasta entonces, siempre se puede enderezar la narración a base de articular unas buenas frases que den paso a mejores situaciones. Claro que esto no es fácil si estás tú sola/a y exhausto frente a la hoja en blanco pero con la ayuda adecuada de otros narradores casi cualquier historia se puede retomar.


jueves, 7 de enero de 2021

La realidad como arquitectura aumentada


 Existe una disciplina artística y audiovisual popularizada en los últimos años llamada “Arquitectura aumentada”. Esta disciplina consiste en proyectar sobre fachadas de edificios imágenes estáticas y en movimiento que “visten” momentáneamente al elemento arquitectónico con texturas fantásticas que bailan sobre sus muros generalmente al son de la música, transformando los edificios temporalmente en auténticos espectáculos visuales de fantasía. Esto se consigue mediante potentes proyectores que emiten con sus chorros de luz imágenes que previamente han sido diseñadas para que encajen al milímetro con las esquinas, ventanas, puertas y otros recovecos de la arquitectura sobre las que se van a proyectar, dando así la sensación de una alocada piel en movimiento sobre construcciones que por lo general aparecen estáticas con sus fachadas lisas.


Pues bien, pienso que dicha disciplina puede servir, en parte al menos, para explicar cómo la mente crea la realidad.


Cuando muchos y muchas estudiosos/as de distintos campos afirman que nuestra mente crea la realidad es bastante normal que esta afirmación nos cree cierto rechazo. Nos han enseñado que la realidad existe ahí fuera de forma objetiva sin necesidad de que nadie tenga que dar su aprobación para que así sea.


Esto es cierto en parte y es aquí donde entra en juego la comparación con la arquitectura aumentada. Resulta evidente que fuera de nuestras mentes existe una realidad compuesta por infinitud de elementos que habitan en dicha realidad independientemente de si son observados o no. Estos elementos incluyen todos los objetos naturales: plantas animales, las construcciones artificiales, las otras personas, los fenómenos meteorológicos, las ondas electromagnéticas y un largo etcétera que van a estar ahí sí o sí sin tener en cuenta nuestra opinión acerca de ellos. También es cierto que de todos esos objetos que existen y de todos esos fenómenos que suceden nuestras mentes sólo detecta una pequeña parte que filtra a través de la percepción. Recurriendo a la comparación con la arquitectura aumentada, imaginaos la realidad como una inmensa habitación con el suelo, las paredes y el techo pintadas de blanco. En esa enorme habitación habría cubos de diferentes tamaños a modo de mesas y sillas distribuidos aleatoriamente por la habitación junto con estanterías y otros objetos; todos ellos de estructura geométrica simple y pintados de blanco.


En este escenario la realidad serían las proyecciones audiovisuales que cada individuo lanza sobre esos elementos comunes y que convierten la sala blanca aséptica en un bello jardín, una animada fiesta tropical o un lúgubre sótano abandonado. Todo va a depender de las imágenes y la música que proyecte sobre las paredes y los objetos. Por supuesto cada sujeto es únicamente consciente del espectáculo resultante de sus proyecciones (como si llevara unas gafas de realidad virtual).


Las proyecciones creadas dependen de nuestro contexto cultural e histórico, de nuestra educación, de nuestras relaciones y del resto de condicionantes que acaban creando nuestro universo simbólico. A esto deberíamos añadir nuestro propio poso psicológico personal marcado por nuestras fobias y filias. El resultado es la realidad que hemos creado. El lienzo es común para todos pero la imagen que percibimos es personal e intransferible.


Por supuesto, personas que pertenezcan a una misma tradición cultural o que compartan un mismo universo simbólico crearán realidades más parecidas entre sí que la que creará otra persona totalmente ajena a su contexto pero al final el espectáculo visual de cada uno es totalmente particular. Además no tenemos ni la más mínima posibilidad de conocer al 100% el aspecto de una realidad ajena ya que todos consumimos el escenario común a través de nuestra propias “gafas” de arquitectura aumentada. En ese sentido todos ven la habitación blanca de una forma distinta aunque todos se hallen dentro de la misma habitación.


Pues es en este sentido en el que entiendo la frase de que cada uno “creamos” la realidad. Compartimos el mismo escenario que convenimos en llamar “la realidad” pero lo que resulta de nuestra interacción con él es totalmente diferente en cada caso.


Esto que puede sonar inquietante en un sentido en realidad es bastante liberador pues nos indica que, aunque no tengamos muchas opciones de modificar la habitación blanca tenemos bastantes posibilidades de configurar su aspecto final en base a las imágenes que proyectemos sobre ella.


imagen: (CC) wolfgang tönschmidt

lunes, 7 de octubre de 2019

Espacios de transición


Siempre me ham llamado mucho la atención los espacios de transición. Esos espacios que no han sido diseñados para ser el emplazamiento de nada sino como punto de transición espacial o temporal entre dos lugares o estados.
Dichos espacios están destinados a no llamar la atención de nadie. Su destino es pasar desaparecidos o tener únicamente una papel operacional dentro de la memoria pero como mero intermedio entre dos elementos con importancia singular. Son lugares que no importan a nadie

A esta categoría pertenecen los intersticios, los recovecos, los resquicios, los márgenes, las esquinas, los contactos tangenciales.

En la  categoría espacial estos lugares están representados por los pasillos, los corredores, las esquinas, los puentes, las periferias de los barrios, los límites entre una población y otra, los descansillos de escaleras y también los llamados “no lugares” como aeropuertos, estaciones, gasolineras o salas de espera. Son espacios que están destinados a ser espacios de tránsito, en los que el sujeto permanezca solamente de forma provisional. Son eso lugares que, si estás allí, es porque no quieres estar allí que está claro que solamente son sitios de paso en tu vida.

En la categoría temporal estos lugares estañan representados por los edificios abandonados, por los solares que están a la espera de que se decida un uso para ellos, por los muros pintarrajeados que aguardan que alguien los limpie. En definitiva por todos aquellos lugares que se hallan en un paréntesis temporal entre dos estados que están llamados a dar una definición y una función al espacio en sí. 

También en un marco temporal, pertenecerían a esta categoría los momentos de nuestra vida en los que no tenemos asignado una acción en concreto. Los tiempos de espera, de inactividad y de transición entre dos partes de nuestra biografía que pueden considerarse significativos. Aquellos instantes de nuestra vida que, si fuera representada por una melodía musical, corresponderían a los silencios.

El caso es que es en eso lugares, espaciales, temporales y mentales donde suelo encontrarme más sereno y también más a gusto y sosegado. No se si tendrá algo que ver que he vivido siempre en lugares del extra-radio, en lugares en los márgenes pero el caso es que esos lugares sin definición en los que reina la ambigüedad es donde consigo conectarme más con el mundo y conmigo  mismo.

martes, 10 de septiembre de 2019

Psicodelia digital

Los enteógenos son un tipo de drogas que se caracterizan por su carácter alucinatorio. Sustancia como el LSD, el DMT, las psilocibina o la mescalina tienen, según cuentan, la capacidad de abrir nuevas puertas a la percepción y hacernos visualizar nuevos mundos dentro (o fuera) de éste llenos de vicos colores y danzantes figuras geométricas. Además se puede aumentar nuestra compresión del tiempo, el espacio y la naturaleza de la existencia misma. Esto es lo que se conoce como el “viaje” o “trip”

Por lo visto son sustancias que no dejan secuelas o efectos secundarios y que sin embargo ayudan a expandir el nivel de conciencia y profundizar en la espiritualidad.

Si te interesa explorar el tipo de realidad al que abren estas sustancias pero no quieres correr el riesgo de tener un mal viaje (que también los hay, antención) siempre te queda la opción de probar este software en línea Deep Dream Generator. Se trata de una serie de algoritmos creados por el progamador Alex Mordvintsev, junto a Christopher Olah y Mike Tyka que permiten crear imágenes con un aspecto totalmente psicodélico a partir de cualquier tipo de fotografía.

Muchos psiconautas veteranos aseguran que las imágenes que se consiguen con algunas de las combinaciones de los ajustes son muy similares a las que han visto en sus viajes enteogénicos. No deja de ser curioso también que tal y como se comenta en este artículo, que cuando se intentó crear una algoritmo para tratar de interpretar y reconocer imágenes de la realidad el resultado fuera algo tan parecido a las imágenes que emergen en el cerebro tras la ingestas de piscodélicos.

Os dejo aquí algunos de los primeros experimentos que he realizado con este software y la imagen de la cual partí para que vosotros mismos podáis comparar. Aunque, lógicamente, lo mejor es que probéis por vosotros mismos con vuestras propias fotos. https://deepdreamgenerator.com/