jueves, 16 de julio de 2015
Belleza y fealdad
Esta mañana mientras desayunaba, presencié un hecho en la cafetería que me llamó la atención.
Entró un señor de unos treinta y muchos con una expresión entre disgustado y confuso, balbuceó a la dependienta de la cafetería lo que quería tomar con unos modales que requerirían una revisión y agarró con un gesto directo uno de los diarios que había disponible en el revistero del local. Luego se sentó a leer y a tomar su café. Apenas un minuto después llegó una señora de una edad parecida y también pidió su consumición en la barra pero con una elegancia infinitamente superior. Al igual que el señor se giró para agarrar el segundo diario que había en el revistero, aunque sus gestos y movimientos eran mucho más delicados. También se sentó a tomar su café y a leer las noticias.
Ya en ese momento me pareció curiosa la diferente percepción que pueden provocar hechos muy parecidos (no olvidemos que lo que estoy relatando es una experiencia totalmente subjetiva), pero lo realmente interesante vino después. El señor acabó su café, se levantó de la mesa con un resoplido y dejó el diario en el revistero con la misma poca gracia con la que lo había cogido y se fue "Bueno, al menos lo ha dejado en su sitio" pensé, pues hay otros/as que se limitan a dejarlo en la mesa y "después de mí el diluvio".
A los pocos minutos fue la señora la que acabó su café, se levantó y se dirigió también al revistero a dejar su diario, pero antes hizo una pausa y se quedó mirándolo. El primer señor había dejado el diario de cualquier manera y lucía torcido, aplastado y he hecho un guiñapo entre los hierros del revistero dando una imagen realmente fea. Pues bien, la señora se entretuvo en sacarlo de sus sitio, desarrugarlo, doblarlo con mimo y volverlo a colocar en su lugar junto a su propio diario para dejar ambos periódicos con una aspecto formidable, luciendo mucho mejor que como estaban al principio y dando una imagen que daba gusto e invitaba a cogerlos suavemente para leer.
Sí, ya se lo que estaréis pensando muchos de vosotros, que si esta mujer probablemente sería una maniática del orden, que si vaya ganas de perder el tiempo etc. Pero el caso es que lo que a mi me maravilló fue comprobar in situ como hay personas que pasan por la vida dejando un rastro de fealdad mientras que otras se encargan de dejar todo más bello de lo que lo encontraron tras su paso.
Aquella señora no tenía ninguna necesidad de dejar aquello tan ordenado, no era su casa, era tan sólo una cafetería a la que probablemente no volvería jamás, sin embargo, a pesar de ello eligió -quien sabe si conscientemente o no- dejar las cosas más agradables para el que llegara después a pesar de que nunca lo conocería ni podría agradecérselo. El otro señor tampoco creo que fuera mala gente, su comportamiento era simplemente un reflejo del desorden que muy probablemente también reinaría en su vida. Pero lo que me hizo reflexionar fue ese hecho precisamente. ¿Hasta que punto nos preocupamos de dejar belleza o fealdad a nuestro paso? y sobretodo, ¿hasta que punto influye ese diferente enfoque de comportamiento en las vidas de los demás y en nuestras propias vidas?
martes, 2 de diciembre de 2014
La escritura a mano en peligro
. Leo esta mañana en la prensa con cierto desasosiego, que en Finlandia se están planteando eliminar la caligrafía de las escuelas por considerarla una disciplina obsoleta en los tiempos actuales. A cambio piensan dedicar más tiempo al uso del teclado y a la letra de palo por entender que está más acorde con los usos habituales hoy en día. Aunque pienso que no soy nada sospechoso de padecer tecnofobia, creo sinceramente que esta decisión es muy desacertada. La caligrafía y la escritura manual de texto enlazado es una disciplina cuyos beneficios van mucho más allá que su mera utilidad práctica. En numerosas ocasiones se ha comprobado que la escritura a mano supone un magnífico ejercicio para el desarrollo cerebral ya que unimos la práctica de la psicomotricidad fina con el desarrollo del pensamiento simbólico. Es un ejercicio que estimula por igual los dos hemisferios del cerebro. Escribir no deja de ser una extensión de una actividad tan saludable como el dibujo. Ese hecho de sacar la línea a pasear -como,acertadamente, decía Paul Klee- para acabar plasmando un contenido semántico que podremos interpretar mediante la lectura nos sumerge en un proceso de abstracción y desarrollo neurológico que difícilmente se puede conseguir aporreando un teclado. A todo esto hay que añadir el aspecto personal vinculado a la escritura de cada individuo y que tan bien conocen los grafólogos. Nuestra escritura refleja grandes rasgos de nuestro carácter y no es casualidad que escribir nuestras experiencias, inquietudes, preocupaciones y anhelos sobre un cuaderno tenga efectos terapéuticos sobre el ánimo de muchas personas. Precisamente porqué la escritura manual caligráfica ya no es imprescindible para comunicarnos, es cuando se debería aprovechar para incidir e insistir en todas esas otras ventajas colaterales que aporta esta técnica. Saber utilizar un teclado es importante, por ahora, pero puede enseñarse de forma paralela como de hecho se está haciendo actualmente. No obstante hemos de tener en cuenta que es muy probable que en los próximos años o décadas también el teclado sea sustituido por cualquier otro sistema que ni siquiera precise de la utilización de las manos, que baste la voz o la mirada para escribir. No quiero ni pensar en la atrofia que podría ocurrir entonces. Queramos o no, las manos forman parte de nuestro sistema de pensamiento (casi todos hablamos con las manos, fijaos si no, como todos movemos las manos y gesticulamos con ellas a la hora de conversar) y reducir el rico alfabeto de arabescos de la escritura de letra ligada al movimiento martilleante de teclear o al rectilíneo de la letra de palo me parece aberrante (aparte de ser más proclive a producir lesiones de muñeca). Otro de los riesgos que entraña la renuncia a la caligrafía, es que las generaciones que crezcan leyendo únicamente fuentes tipográficas artificiales, lleguen al punto de no entender la escritura manual, de que cualquier letra les parezca letra de médico y que lo manuscritos, incluidos las cartas de sus abuelos, se conviertan en jeroglíficos intraducibles. Aunque ahora esta posibilidad nos parezca trasnochada no creo que lo sea tanto si se destierra la caligrafía. No hay que negar, sin embargo, que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en esta tendencia. ¿Cuándo fue la última vez que escribiste varios líneas seguidas a mano? Como anécdota contaré que el otro día me sorprendió ver en un restaurante como un cliente, a la hora de pedir la cuenta, en lugar de realizar el típico gesto de estar escribiendo en el aire, utilizó las manos para imitar estar pulsando el teclado, refiriendose claramente al acto de introducir la clave secreta de la tarjeta de crédito en el datáfono.Imagen via: Erin Kohlenberg
domingo, 19 de octubre de 2014
Arquitectura de la calma
Hace poco he acabado de leer el libro de mi querido amigo Vincenç Alujas Arquitectura de la calma. En su primer libro, Meditación inmediata, Vicenç ya nos ofrecía un útil y conciso manual para la realización de micromeditaciones. A él le encanta este tipo de meditación y lo cierto es que doy fe de su utilidad en el día a día frenético al que nos enfrentamos la mayoría en la sociedad actual.
En este nuevo título, Arquitectura de la calma, junto a Guillem Simó, Vicenç plantea un propuesta muy sencilla: El estado natural de ser humano es la calma. Lo que nos produce malestar es lo que los autores llaman "Mente de mono" como metáfora de ese movimiento frenético y sin sentido de la mente que con su parloteo interno, nos lleva de un lugar para otro sin orden ni criterio con sus pensamientos nocivos que nos provocan ansiedad y sufrimiento.
Es por ello que lo que el libro plantea son unos sencillos consejos que contribuyan a edificar la calma de nuevo en nosotros partiendo de sus cimientos, elevando su estructura y dando los acabados finales como si de un edificio se tratase. Los capítulos vienen acompañados de prácticas en forma de relajaciones, meditaciones y pequeños consejos prácticos que nos ayudarán a conocernos mejor y a saber que parte de nuestra esencia profunda y de nuestra personalidad debemos reforzar para gozar de ese inmenso tesoro que es la calma.
Altamente recomendable.
Existe la versión en catalán y la versión en castellano
jueves, 18 de septiembre de 2014
La fuente de energía vital
Aparte de la energía que mueve nuestro cuerpo basada en grasas, proteinas, hidratos de carbono y aminoacidos y que obtenemos principalmente a través de la alimentación, existe otro tipo de energía más sutil que es la que se encarga de hacer que nos sintamos bien con nosotros mismos y con el mundo. A falta de un término mejor, llamaré a esta energía "energía vital". Esta energía es la que nos empuja a amar la vida, la que nos motiva a realizar las actividades diarias con ilusión, la que mantiene nuestra mente serena, lejos de la ansiedad y en definitiva la que nos causa bienestar.
La representación de esta energía en el mundo físico serían las sinapsis que se producen en nuestro cerebro a través de los distintos neurotransmisores y que acaban formando unas ondas cerebrales que mantienen nuestro ánimo en un estado determinado de sosiego.
Cuando tenemos mucha energía vital nos sentimos alegres, satisfechos, vitales sin embargo cuando nuestra energía vital está en mínimos nos sentimos tristes, apáticos, irritables o alicaídos. Cuando la energía vital está realmente baja se pueden llegar a generar trastornos serios de ansiedad y depresión que en sus casos más severos pueden llegar a acelerar o provocar la muerte física.
El combustible de esta energía vital es la ilusión y la serenidad. Por otra parte la ansiedad y el stress son los depredadores más habituales de este tipo de energía. La percepción de lo que ocurre a nuestro alrededor puede provocarnos ilusión, disfrute o por el contrario puede provocarnos ansiedad y stress con la consiguiente disminución en nuestro nivel de energía vital. Es por eso por lo que tras un largo día de trabajo agotador o tras una disputa o un conflicto con alguien nos sentimos tan escasos de energía. El descanso puede reponer parte de la energía vital pero si nuestros niveles son bastante bajos no será suficiente.
Generalmente cuando nos sentimos sin energía vital tendemos de forma inconsciente a buscar de forma desesperada una fuente de este preciado bien que nos reponga los niveles mínimos aceptables y lo hacemos con la misma intensidad con la que buscamos un trago de agua cuando estamos sedientos. Y es aquí donde empiezan los problemas ya que lo más habitual es acudir a la fuente de energía vital que tenemos más a mano que son las otras personas. Se produce entonces un proceso de vampirización que consiste en absorber la vitalidad del prójimo bajando sus niveles para aumentar los nuestros. En las formas más suaves de esta vampirización buscamos las caricias, las palabras de aliento o la compañía de seres queridos o afines y en su formas más duras este proceso toma la forma del acoso, la queja, la vicitmización o la agresividad contra otro. Ni que decir tiene que la vampirización de energía vital supone dejar a la otra persona más debilitada y en los casos donde la transferencia es intensa los resultados pueden ser devastadores para la persona vampirizada.
Seguro que muchos de nosotros hemos conocido al típico individuo cuya mera presencia causa desasosiego y que a la mínima interacción con él nos sentimos ansiosos, agotados e irritables. Este tipo de personas es lo que se conoce como "vampiros psíquicos". Suelen ser sujetos conflictivos o bien todo lo contrario, personas muy seductoras. El caso es que dichos individuos han desarrollado una especial habilidad para absorber la energía ajena mediante manipulaciones psicológicas de diversa índole que pueden ser más o menos refinadas dependiendo de si el "vampiro" como tal es alguien perverso o simplemente estúpido.
Por el contrario también nos habrá ocurrido que nos encontramos con individuos rebosantes de vitalidad y/o de serenidad cuyo contacto nos relaja, tranquiliza y alegra. Son las típicas personas que desprenden "buenas vibraciones". Normalmente sucede que estas personas tienen energía vital de sobras pues, de forma más o menos consciente, están conectadas con la fuente de energía original.
Y es aquí al punto donde quería llegar, pues si bien la mayoría de nosotros tendemos a "vampirizar" la energía vital de otros para mantener la nuestra, lo cierto es que es posible mantener e incluso aumentar nuestros niveles de vitalidad por nosotros mismos sin necesidad de nadie más. Lo único que necesitamos es acceder a la fuente de energía vital.
Esta fuente es la misma para todos, es la fuente original que "nos cargó la batería" en el momento mismo de nuestra concepción. Es inagotable y es accesible desde cualquier momento del presente. Se accede a ella desde nuestro interior. No es que cada uno tengamos en el interior una "pila de fusion" o algo así, es que nuestro interior es la puerta de acceso a esa otra dimensión incognoscible que nos conecta con esa fuente vital esencial. En realidad el acceso es directo, no hace falta ningún conector especial, lo que pasa es que conforme vamos creciendo desarrollamos filtros, barreras y emisores de ruido en nuestra mente que emboza totalmente el conducto de acceso hasta llegar a taponarlo completamente en la edad adulta.
La vía para acceder a ella de nuevo es la calma y el silencio. Las personas que están especialmente dotadas para ello (son una minoría) tienden a llegar a ese estado de forma natural. Para el resto la vía de re-conexión es algo más difícil pero con perseverancia y la correspondiente práctica, es posible volver a re-establecer dicho vínculo. La meditación y el dominio de la respiración son una buena técnica para acceder a ese estado. En la mayoría de los casos rodearse de un entorno natural o un espacio acogedor y silencioso ayuda bastante. Cuando consigues conectarte con esa fuente es maravilloso porque ya no necesitas absolutamente nada más para encontrarte bien contigo mismo. Puedes rodearte de personas pero para compartir la vida con ellas, sin apegos ni dependencias de ningún tipo.
En mi caso particular he podido acceder a esa zona algunas veces (pocas) y cuando lo consigues la sensación de gozo y éxtasis es indescriptible. Cuándo consigues conectarte con la fuente de energía esencial desaparece el stress, el tiempo parece pararse y te sentirías capaz de emprender cualquier empresa. Las personas que llevan años trabajando con su mente y entrenándola a fondo a través de diferentes técnicas llegan a despejar totalmente el vínculo con la fuente y están permanentemente conectados a la vida. Este tipo de personas suelen desprender una serenidad radiante que se contagia a los que tienen alrededor, pueden pasar largas horas realizando sus actividades sin acusar apenas cansancio psicológico y suelen ser inmunes a las malas pasadas del ego, no les afectan las críticas y rara vez son presas de la ira o la frustación.
Si quieres mejorar tu calidad de vida y llegar a sentir el gozo auténtico de estar vivo es buena idea que te plantees la posibilidad de empezar a entrenar tu mente para abrir tu conexión con esa fuente de energía primordial de la que todos procedemos.
Imagen: Creative Commons Jebeld17 https://www.flickr.com/photos/64718148@N06/
viernes, 29 de agosto de 2014
La burbuja de la realidad
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Ya lo hemos dicho muchas veces, pero pienso que es importante volver a insistir en ello: La realidad existe, pero es tan vasta y compleja que nosotros apenas somos capaces de captar una fracción infinitesimal de ella.
Todos los descubrimientos que se van haciendo en las diferentes disciplinas del saber humano contribuyen a confirmar esta teoría. Si la realidad no es infinita, el número de elementos que la componen tienden claramente a infinito y mientras más cosas sabemos acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos más honda parece la distancia entre lo que creemos conocer y lo que realmente existe.
Lo que nosotros llamamos "realidad" no es más que una burbujita que hemos ido construyendo alrededor nuestro con nuestros limitados recursos y luego hemos creído que "eso" era realmente el mundo que nos rodeaba.
Haciendo una comparación un poco grosera, es como si fuéramos insectos en medio del desierto del Sahara que creáramos una coraza con los granitos de arena que encontramos a nuestro alrededor y luego pensáramos que esos granitos son el mundo. Los insectos que viven en las cercanías se harían una coraza semejante a la nuestra -pues los granos de arena que tienen a su alrededor son similares a los nuestros- y luego, cada uno, afirmaríamos que el mundo es nuestra coraza propia. Si alguno de ellos, hablando de su propia coraza, afirmara algo que no coincidiera con la nuestra pensaríamos que está equivocado. Si por alguna circunstancia, viniera a visitarnos un insecto de una zona lejana con una coraza hecha con granitos algo diferentes a los nuestros, entre todos nos pondríamos de acuerdo para dictaminar que ese nuevo insecto no tiene ni idea de lo que es el mundo. Mientras tanto, la verdad sería que ninguno de nosotros tendría idea de que el mundo en realidad es el vasto desierto que se extiende alrededor.
Conocer la realidad al completo es una utopía, es imposible, simplemente no disponemos de los medios necesarios para poder aprehenderla por mucho que lo deseemos.
De hecho, como afirman numeroso neurólogos y psicoterapeutas de la talla de Rodolfo Llinas, Vilayanur S. Ramachadran o Claudio Naranjo, una de las funciones de nuestro cerebro es filtrar la, ya de por sí, sesgada información que nos proporcionan nuestros sentidos en base a estímulos exteriores. Si esta información no estuviera tamizada nos fulminaría el sistema nervioso en un instante. De hecho una de las principales problemáticas de patologías como el autismo es que los afectados tienen serios problemas para filtrar esa información y de ahí que la estrategia de supervivencia sea encerrarse en uno mismo. La información que recibimos es sólo una cantidad ínfima de la que llega a nosotros, el cerebro solamente deja pasar aquella que somos capaces de procesar. Los experimentos que se han realizado con drogas enteogénicas parecen mostrar que uno de sus efectos es una "relajación" de esos sistemas de filtrado que tiene como consecuencia el paso de nueva información que el cerebro interpreta como alucinaciones, sinestesias o incluso revelaciones.
Pero el hecho de admitir que únicamente somos capaces de captar una parte ínfima de la realidad tampoco tiene porque suponer un drama, basta con que seamos capaces de construirnos un modelo de realidad, es decir una "burbuja" lo suficientemente sólida como para que podamos vivir plácidamente en ella y los suficientemente flexible para poder ir ampliando su tamaño para que cada vez englobe un área mayor de la realidad infinita que nos rodea.
La mente es la que crea esta burbuja. Es por tanto desde de este contexto desde donde debemos interpretar la afirmación "Nuestra mente crea el mundo", no es que el mundo sea un sueño ni nada de eso, sino que a partir de la realidad exterior nuestro cerebro fabrica esa versión particular que sentimos como verdadera pero que no es más que nuestra versión. La interacción con los demás nos permite captar un reflejo de sus respectivas burbujas, pero no son más que eso, reflejos. Incluso de las personas que creemos conocer más en profundidad no tenemos mas que una idea muy vaga, y aún esa idea está más influida por nuestra visión que por las características reales de esa persona; de ahí nace la conocida expresión "No te veo como eres sino como soy".
Las herramientas que tenemos para que nuestra mente pueda ampliar el tamaño de esta burbuja y darle forma son las que han puesto a nuestra disposición las distintas ramas de saber humano como la ciencia, el arte, la filosofía, la religión o el misticismo, en definitiva los elementos que configuran nuestra cultura. No obstante son herramientas delicadas que hay que manejar con sumo cuidado ya que la cultura también es la responsable de la alucinación colectiva en la que vivimos y que llamamos sociedad.
Nos han educado, desde el mismo día de nuestro nacimiento, para que asumamos como verdaderos e incuestionables unos valores sociales generalmente relacionados con la cultura en la que nos ha tocado vivir (nuestros granitos de arena), pero lo cierto es que dentro de esos valores culturales hay muchos elementos que son cuestionables, de hecho nuestra cultura occidental actual promueve unos valores que en muchas ocasiones podrían calificarse de neuróticos.
El sesgo que supone la natural tendencia egocéntrica del individuo humano tiende a hacernos pensar que las cosas no son tan relativas y que hay una serie de valores universales que no cambian y mantienen a las sociedades estables. No niego que dichos valores universales existan, pero estoy convencido de que son muchos menos de lo que pensamos. Simplemente haced el siguiente experimento mental; ante las preguntas "¿Dios existe?" y "¿La tierra es plana?" en nuestra sociedad actual lo que esperaríamos sería no obtener un consenso claro en la primera pregunta y un rotundo NO en la segunda. De quien afirmara a pies juntillas que la tierra es plana pensaríamos que está loco (a pesar de que hay colectivos que aún lo piensan). Ahora imaginad que viajamos 1000 años en el pasado y realizamos las mismas preguntas, muy probablemente el consenso afirmativo en el primer caso sería mucho más intenso y la respuesta a la segunda pregunta no sería tan clara. Pero lo bueno del asunto es que en ambos casos los entrevistados tendrían la absoluta e inequívoca seguridad de estar en lo cierto.
La conclusión es que, cada uno dentro de sus capacidades, hemos de ser lo suficientemente valientes como para cuestionar TODO lo que nos han enseñado, y cuando digo TODO es TODO. Eliminar el miedo a re-evaluar tantas cuestiones como nos apetezca y ser curiosos para contrastar la información que nos llega. A juzgar por los comportamientos que podemos ver en las redes sociales no parece que esta tendencia sea ahora mismo la mayoritaria, pero no pierdo la esperanza de que cada vez mayor número de seres humanos decidan coger las riendas de su propia existencia y empiecen, por fin, a admitir que el mundo lo construimos cada uno con nuestra mente y que por lo tanto el primer paso para cambiar este mundo es transformarnos a nosotros mismos. De ahí que el autoconocimiento sea una herramienta tan valiosa, pero ese es un tema que dejaremos para otro post.
Imagen: CC Antonio Lirio
miércoles, 27 de agosto de 2014
Soy tonto, muy tonto y estúpido
Soy tonto, muy tonto, lo que se llama tonto del culo. Y lo peor es que también soy profundamente estúpido. No estoy orgulloso de ello para nada, de hecho me dolió bastante descubrirlo. Al fin y al cabo a nadie le gusta reconocer que es estúpido ¿no es cierto?
Como digo no estoy orgulloso, pero tampoco veo que tenga que ocultarlo habida cuenta que la gran mayoría de la población también lo es. Además estoy absolutamente convencido de que el hecho de reconocerlo abiertamente es un primer paso para dejar de serlo.
Ser tonto no es algo necesariamente malo de per se, no todo el mundo tiene porqué ser inteligente. Se puede llevar una vida normal siendo tonto, de hecho la mayoría de la gente es lo que hace cada día. Ser estúpido sin embargo es algo peligroso y no debería ser deseable para nadie ni nadie debería jactarse de esa cualidad una vez ha sido descubierta en uno mismo.
Para entender mejor que es la estupidez y como se comporta en oposición a otros conceptos como la inteligencia, os recomiendo un libro que debería ser de lectura obligatoria en el bachillerato. Se trata de “Allegro ma non tropo” del italiano Carlo Cipolla. Concretamente os recomiendo el apartado que habla de la estupidez. Voy a tratar de sintetizar lo más concisamente posible el mensaje general del ensayo, ya que probablemente la gran parte de los que leáis esto seáis aún más tontos que yo (aunque sólo sea por el hecho de no haberlo reconocido todavía).
Cipolla divide los individuos en...
Como digo no estoy orgulloso, pero tampoco veo que tenga que ocultarlo habida cuenta que la gran mayoría de la población también lo es. Además estoy absolutamente convencido de que el hecho de reconocerlo abiertamente es un primer paso para dejar de serlo.
Ser tonto no es algo necesariamente malo de per se, no todo el mundo tiene porqué ser inteligente. Se puede llevar una vida normal siendo tonto, de hecho la mayoría de la gente es lo que hace cada día. Ser estúpido sin embargo es algo peligroso y no debería ser deseable para nadie ni nadie debería jactarse de esa cualidad una vez ha sido descubierta en uno mismo.
Para entender mejor que es la estupidez y como se comporta en oposición a otros conceptos como la inteligencia, os recomiendo un libro que debería ser de lectura obligatoria en el bachillerato. Se trata de “Allegro ma non tropo” del italiano Carlo Cipolla. Concretamente os recomiendo el apartado que habla de la estupidez. Voy a tratar de sintetizar lo más concisamente posible el mensaje general del ensayo, ya que probablemente la gran parte de los que leáis esto seáis aún más tontos que yo (aunque sólo sea por el hecho de no haberlo reconocido todavía).
Cipolla divide los individuos en...
- Inteligente: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su bien y el de los demás
- Malvado: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su bien y provoca el mal de los demás
- Cándido: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su mal y el bien de los demás
- Estúpido: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su mal y el de los demás (a lo que yo añadiría...”la mayoría de ocasiones sin ser siquiera consciente de ello”)
El ensayo completa este enunciado general con algunas conclusiones secundarias, cómo que, a lo largo de la historia de la humanidad, en las diferentes sociedades que han formado las distintas civilizaciones, se han producido variaciones en el número de individuos inteligentes, malvados y cándidos que las formaban, sin embargo el porcentaje de estúpidos se ha mantenido siempre sorprendentemente estable en porcentajes muy elevados. Otra conclusión es que, dado cualquier grupo de individuos, independientemente de su número 10 o 10.000, da igual, siempre tendemos a subestimar la proporción de estúpidos que hay en él.
Por supuesto que no hay estúpidos absolutos como no hay malvados absolutos o inteligentes perfectos. Durante nuestra vida, y aún durante nuestra jornada, vamos adoptando constantemente comportamientos inteligentes, malvados cándidos y estúpidos dependiendo del momento y las circunstancias. En realidad estas etiquetas se corresponden más con comportamientos que con personalidades. De esta forma podríamos llegar a calificar de inteligente a la persona que mayoritariamente adopta comportamientos inteligentes y estúpida a la persona que mayormente adopta comportamientos estúpidos.
Y aquí es donde cada uno debe hacer examen de conciencia. Analiza con honestidad tus reacciones al cabo del día, recuerda lo que has hecho a lo largo de la jornada e intenta etiquetar tus diferentes acciones como inteligentes, malvadas, cándidas o estúpidas según el criterio antes descrito. De esta forma descubrirás cual es tu tendencia.
Yo lo hice, y penosamente descubrí que me podía inscribir de forma amplia y desahogada en el grupo de los estúpidos. Los frutos de muchas de mis acciones perjudicaban a otros y no me beneficiaban a mí e incluso a veces me perjudicaban también. Ciertamente no se trataba de grandes afrentas ni de ofensas imperdonables, más bien podríamos hablar de pequeñas molestias, descortesías o reacciones poco amables. Pero eso no cambia el núcleo de la cuestión que es que habitualmente me comporto de forma estúpida, y el hecho de que mis estupideces no sean superlativas (aunque a veces sí lo son) lo único que indica es que aparte de estúpido, soy mediocre y gris. Y además muchas de las estupideces que cometo no son por razones justificables sino simplemente por tonto, es decir, por no tener las suficientes luces para saber que no te estás comportando adecuadamente.
Cabe decir que desde que lo descubrí, una de mis obsesiones diarias es intentar mejorar cada día como persona para ser cada día un poco menos estúpido, hasta que llegue la gloriosa fecha en que se pueda declarar de forma inequívoca que soy un individuo inteligente. No es una tarea fácil, pues no hay unas instrucciones claras que te indiquen de forma prístina como convertirte en la mejor versión posible de ti mismo. Pero por suerte he ido encontrando mucha gente que me está ayudando y debo reconocer que el proceso de mejora personal es muy grato. No es un proceso lineal, hay muchos pasos hacia atrás y hay mucho de “prueba y error”, pero aprendes un montón de cosas que te hacen sentirte mejor y ser más feliz. Además hoy puedo afirmar con la cabeza bien alta que soy algo menos estúpido de lo que fuí ayer. Os lo recomiendo.
En un próximo post quizá explique cuales son mis trucos para reducir la estupidez pero ahora me gustaría mostrar un listado más específico de pistas que os pueden ayudar a auto-diagnosticar mejor vuestro propio nivel de estupidez. Está especialmente diseñado para personas que suelen usar los mass media y/o las redes sociales. Huelga decir que dichas pistas han sido elaboradas basadas únicamente en mi propia experiencia y que no merecen más crédito que el que vosotros/as mismos/as decidáis otorgarles...aunque si has sido tan estúpido/a como para leer hasta aquí, quizá merezca la pena que les eches un vistazo.
Esto funciona así; el hecho de que cumplas una de estas afirmaciones no quiere decir que seas necesariamente estúpido/a, pero si que suman más probabilidades de que lo seas en determinado porcentaje. Por cada afirmación que encaje contigo suma el porcentaje que te propone la pista, al final obtendrás el porcentaje de probabilidad de que, efectivamente, seas estúpido.
- ¿Has añadido comentarios con insultos y reacciones viscerales en diarios digitales, foros, blogs etc..? añade un 5%, si lo haces frecuentemente añade un 10% más.
- ¿Te sientes ofendido/a cuando oyes a algún periodista o tertuliano afirmar cosas que están en contra de tu ideología o principios hasta el punto de empezar a insultarlo en público o en privado?, entonces suma un 5% más. ¿Te has ofendido a pesar de estar plenamente convencido/a de que lo que decía eran barbaridades sin sentido? entonces añade un 10% adicional.
- ¿Eres de los/las que arruinas una conversación acerca de algún tema interesante y profundo soltando alguna gracia? suma un 5% más.
- ¿Te has sentido ofendido/a en algún momento leyendo este texto y/o has pensado algo similar a “¿pero que se ha creído este imbecil?, el tonto lo será él, pero que no nos incluya a los demás”?, súma otro 10%.
- ¿Alguna vez te has largado de algún sitio dejándolo todo hecho un asco y has pensado algo como “que se jodan” o equivalente al acordarte de los que vengan detrás?, añade otro 10%
- ¿Has recibido la típica noticia polémica y/o escandalosa (ya sabes, políticos que reciben grande sobornos, fabricantes que cuelan ingredientes cancerígenos, virus letales que amenazan con borrar discos duros etc..) por internet y, sin contrastarla ni verificar si es cierta la has dado por buena y te has puesto a rugir indignado/a?, entonces añade un 5% más. Si además has empezado a enviarla a otros amigos sin filtrar la noticia antes, añade otro 5%. Si lo has hecho indiscriminadamente a toda tu libreta de direcciones y/o a todos tus contactos de redes sociales suma otro 10%. Si la noticia era la típica cadena de que “Facebook va a dejar de ser gratis si no envias esto” o similar suma un 20% más. Si la cadena era la típica barbaridad trasnochada y a pesar de eso la has re-enviado “por si acaso” no hace falta que sigas haciendo el test, eres estupido/a con absoluta seguridad, bienvenido al club!!
- ¿En tu fuero interno te has creído alguna vez más listo/a que la media? suma otro 5%. ¿Te lo has creído y encima lo has afirmado públicamente? un 5% más
- ¿Te crees más tonto/a o estupido/a que la media? suma otro 5% más
- ¿Interrupes a tus contertulios en una conversación para afirmar algo de lo que no estás seguro/a y encima al final acabas con un “enfín..no se” suma un 5% más
- ¿Te mantienes callado/a en una conversación por vergüenza o timidez a pesar de estar seguro/a de que tu aportación iba a ser de interés y utilidad para el resto? un 5% más
- ¿Cuándo descubres que has metido la pata buscas desesperadamente como justificarte? otro 5%, ¿lo reconoces y te auto-fustigas hasta sentirte fatal contigo mismo/a? otro 5% más
- ¿Tiendes a pensar que los que no opinan como tú son idiotas con total seguridad? súmate otro 10%
- ¿Cuándo ves a un insecto tu primera reacción es pisarlo y/o chafarlo sin preguntarte el porqué? otro 10% más
- ¿Cuando vas a realizar alguna tarea ruidosa en tu casa, te paras a pensar antes si le va a molestar a alguien o no?, si es que no, suma un 10% más, si además es una tarea no necesaria añade otro 5% suplementario.
- ¿En medio de una conversación sueltas la típica idea, frase (o topicazo) que has escuchado simplemente porqué “encaja” sin pararte a analizar esa idea? suma otro 5%
- ¿Utilizas muy a menudo frases del tipo “han dicho..”, “dicen..” o similares?, suma un 5% más
- ¿Al utilizar el transporte público sueles mirar a tu alrededor para asegurarte de que no obstaculizas a nadie? si es que no añade otro 5%
- ¿En los cines o teatros con butacas no numeradas te paras a pensar si la posición que ocupas puede molestar a alguien? si es que no, otro 5% más.
- Si has llegado hasta aquí restate un 10%
- ¿Has hecho cosas que te parecían absurdas sólo porqué el resto del grupo también lo hacía? suma otro 5%
- ¿Sueles hacer propósitos de inicio de año o inicio de curso cómo “voy a estudiar inglés” o “voy a asistir al gimnasio con regularidad” y te lo crees a pesar de haberlo intentado repetidamente sin éxito durante los años precedentes? súmate otro 10%
- ¿Sueles creer a la primera lo que lees en la prensa, oyes en la radio o ves en la TV? añade otro 10%
- ¿Piensas que eres libre en tus decisiones? añade un 5% más
- ¿Has pensado alguna vez “mientras a mi me vaya bien...” o similar? pues suma otro 5%
Ok. Ahora ya puedes hacer los cálculos. Si llegados a este punto superas el 100% de probabilidades, tampoco te preocupes demasiado. Según la teoría de Cipolla y de los estudios que la apoyan estás en la media del resto de la sociedad. Si a pesar de ello no piensas hacer nada para remediarlo o, por lo menos, para verificar si realmente eres estúpido/a , entonces ya tienes la garantía total de que efectivamente lo eres. La decisión de mejorar o no es tuya y sólo tuya.
Dejadme acabar diciendo que pienso que la estupidez es algo realmente nocivo. Es peor que las catástrofes naturales o que la mayoría de las epidemias, pues la estupidez es la causa de gran parte del sufrimiento humano, es el origen de casi todas las guerras, miedos infundados, insultos y agresiones. Por la estupidez se rompen familias, se marchitan relaciones y se pelean los amigos.
Supongo que debe haber alguna razón oculta para que la estupidez haya reinado durante tantos milenios y siga tan presente hoy día. Quizá la estupidez tenga alguna utilidad en la evolución humana cuyo significado se nos escape. Sólo así se explica que haya sobrevivido con tanta salud durante tanto tiempo. No obstante, mientras no tenga razones para sentir lo contrario, yo voy a seguir luchando en su contra durante lo que me quede de vida, por supuesto empezando por mi mismo. ¿No os parece una misión realmente.....estúpida?
viernes, 18 de julio de 2014
La vida no la vivimos, nos la contamos
...pues sí, así es como lo pienso, la vida no la vivimos sino que "nos la contamos", es decir elaboramos una historia con lo que vamos cogiendo de aquí y de allá y a continuación nos montamos la narración.
Con esto no quiero decir que la realidad objetiva no exista, efectivamente el mundo exterior existe pero o bien es infinito o la cantidad de información que contiene es de un volumen tan inmensamente brutal que con los limitados recursos que nos ha proporcionado la selección natural tan sólo somos capaces de captar un parte ínfima..punto.
Partiendo de esta premisa y dándola como cierta (si no las crees cierta, al menos temporalmente, no creo que la lectura de este artículo te sirva de mucho) es lógico admitir que forzosamente nuestra imagen de la realidad es una selección pequeñísima de todo lo que hay disponible. Pero es que además esa realidad está intensamente filtrada. ¿Cuáles son esos filtros? existen varios, pero los más poderosos y los que más contribuyen a crear nuestro modelo de realidad son las creencias.
Las creencias son las palabras con las que construimos nuestra historia vital. Éstas a su vez vienen determinadas por la cultura que recibimos desde pequeños que, a su vez, está totalmente incluida por las costumbres y creencias generales de la sociedad en la que habitamos.
Si tenemos en cuenta que cada persona se desarrolla en circunstancias diferentes, -que pueden ser muy similares entre individuos de una misma sociedad pero nunca idénticas- , llegamos a la conclusión de que existen, al menos, tantas historias y por tanto tantas realidades diferentes como personas. Y es aquí donde está la clave de la cuestión, nuestras creencias nos ayudan a elaborar nuestros pensamientos que son el guión de la historia de nuestra vida. Esto no pasaría de ser un detalle sino fuera porque de la calidad de nuestros pensamientos también va a depender mucho la calidad de nuestra vida.
Un mismo hecho puede interpretarse de forma diferente dependiendo de la forma en como nos lo contemos. Por ejemplo. Estamos dando un apacible paseo por la calle con el simple objetivo de distraernos y relajarnos, hace un día soleado y la temperatura es agradable....
BIEN: Qué buen día hace!, voy a respirar a fondo para sentirme más a gusto. Me encanta la sensación de esta temperatura en mi cuerpo. Que buena es la experiencia de pasear por el gusto de pasear. La repetiré más a menudo, pero ahora voy a disfrutar de este momento, es mi momento.
MAL: Qué buen día hace! Lo mismo esta tarde se nubla y se lía a llover como anteayer. Y sería una faena porqué tengo que ir a comprar, y sería una lata ir a comprar lloviendo. En realidad ir a comprar es una lata siempre. No me apetece nada ir, pero no me queda más remedio, no tengo criados. Qué asco de vida! Con lo bueno que sería vivir sin preocupaciones! ...Soy una persona desgraciada.
...Entonces, en medio de nuestro tranquilo paseo un transeunte con prisas que circula en sentido contrario colisiona con nosotros y no sólo no nos pide disculpas sino que antes de proseguir su camino apresuradamente murumura un de forma perfectamente audible y con tono despreciativo un sonoro "Imbécil!"
BIEN: Choca conmigo por ir caminando sin mirar y encima me llama imbécil. Parecía una persona muy desgraciada. Qué lastima!, con el buen día que hace y desperdiciándolo con ese mal humor. Que suerte tengo de saber estar alegre y disfrutar de la vida! Lo siento de veras por el/ella, no sabe lo que se pierde. Quizá está noche rece porque encuentre solución a sus problemas, pero ahora voy a seguir disfrutando de este paseo, ...pero que bien se está!!
MAL: Choca conmigo por ir caminando sin mirar y encima me llama imbécil! Pero que se ha pensado ese/a energúmerno/a! si ha sido él/ella quien me ha embestido! Soy yo quien debería estar furioso/a" será desgraciado/a, malnacido/a, chulo/a ! La culpa es mia por no girarme y partirle la cara! Pero yo no soy así. La gente me desprecia porque no me conoce, yo soy buena persona! no es justo que me haya dicho eso. Todo el mundo me maltrata, no hay derecho, esto es una mierda! Ya me ha fastidiado el día. A lo mejor es verdad que soy un/a patoso/a que asco! debería haberle dicho algo, pero es que encima soy un/una cobarde. Maldita sea! (el diálogo destructivo aún dura unos segundos -o incluso horas- más)
Fijaos que los hechos objetivos son los mismos, lo que varía es la narración que el protagonista elabora a partir de ellos con resultados totalmente diferentes.
Si bien es cierto que las emociones nos envían una primera oleada de energía cuando sucede cualquier hecho, no es menos cierto que las emociones se modelan a partir de las narraciones que nos hemos ido contando a lo largo de nuestra vida. La gran mayoría de nosotros no podemos cambiar las emociones a voluntad pero si podemos transformarlas gradualmente modificando el relato que les contamos acerca de lo que nos pasa.
El problema es que un gran porcentaje de la población son pésimos narradores. Las historias que se inventan para contarse su vida no solamente son pobres sino que están inundadas de los estereotipos narrativos que se imponen en nuestra sociedad y que, la verdad sea dicha, dejan en su mayoría mucho que desear y predisponen a cualquiera directamente a la neurosis, tanto por la intoxicación de historias como por la, en general, bajísimas calidad de éstas. Desgraciadamente esta incapacidad para saber estructurar buenas narraciones se acaba transformando en vidas infelices, mucho más infelices de lo que serían contadas con un guión adecuado.
Parte de una posible solución sería dar especial importancia en las escuelas a las humanidades, especialmente a esas disciplinas que nos enseñan a narrar historias. Desafortunadamente en el entorno educativo esto está lejos de ocurrir. Desde hace años se considera a las humanidades materias académicas sin mucha utilidad en la vida real, cuando en realidad, es todo lo contrario. Este hecho explica en parte la incapacidad de la ciudadanía actual para contarse su vida -y en consiguiente vivirla- de forma sana.
***Añadido. Conocí en una residencia de ancianos a un hombre analfabeto que había tenido una vida que a la vista de los estándares actuales había sido bastante anodina y hasta desdichada. Una vida que no valía la pena ser vivida. De bien niño se fue al campo a cuidar un rebaño de ovejas, hasta bien entrada su juventud apenas se relacionó con dos o tres personas de manera esporádica. Nunca se casó ni tuvo hijos y solamente salió de su pueblo para trasladarse a la residencia donde estaba pasando sus últimos años. Su pensión apenas si daba para su manutención.
Cualquiera hubiera pensado que aquel hombre era un desgraciado, sin embargo he conocido muy pocas personas más satisfechas con su vida. Aunque no sabía leer ni escribir aquel señor era un narrador extraordinario. Había tenido como maestros al sol, la luna, las estrellas y los árboles y se notaba. Cuando te contaba sus experiencias en medio de la naturaleza y las sensaciones que allí vivió era imposible no quedar absorbido en la atmósfera de sus historias. Rebosaba una energía serena y podía tenerte más de una hora pendiente de sus palabras sin que tu atención se rebajara en ningún momento. No era difícil imaginar como, aún en circunstancias tan duras, esta persona era capaz de contarse su propia biografía de una manera tan apasionante que en el ocaso de su vida podía afirmar que había sido inmensamente feliz con una gran sonrisa en su cara y con un brillo en sus ojos que destilaba una incuestionable sinceridad.
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